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Qué poner en una carta de Navidad además de palabras

Historias ·

Las cartas de antes llegaban con cosas dentro: una foto, un recorte del periódico, una hoja seca que nadie sabía muy bien por qué estaba ahí. Ese pequeño extra es lo que hacía que se guardaran en una caja y no en la papelera.

Una foto que no esté en el móvil de todos

Mejor la foto torcida que la perfecta. La que salió movida porque os estabais riendo suele contar más que la del grupo bien colocado. Si tiene un pie de foto con una broma interna, todavía mejor.

Una receta

Las galletas de jengibre, el vino caliente con especias, los rollitos de canela de cada diciembre. Una receta es un regalo que se puede repetir, y además deja la casa oliendo a Navidad, que no es poco.

Un vale

Un vale por una cena, por un paseo largo o por una tarde de sofá y película. Lo importante no es lo que vale, sino que obliga a veros. Algunos caducan; los mejores, no.

Truco: un vale funciona mejor si es concreto. «Vale por un desayuno en aquel sitio de la plaza» se cumple; «vale por lo que quieras» se queda en el cajón.

Una entrada o un billete

Aunque sea simbólico. Una entrada para el concierto de marzo o un billete de tren «para cuando quieras venir» convierten la carta en el principio de un plan.

Tu voz y una canción

Una nota de voz de treinta segundos puede ser lo que más se guarde. Y una música tranquila de fondo cambia cómo se lee todo lo demás: más despacio, que es como se leen las cartas.

Y un poco de suerte

Una galleta de la suerte con un mensaje que solo entienda quien la abre. No hace falta acertar el futuro: basta con hacerle sonreír en el presente.